Música Wave

lunes, 25 de julio de 2011

AMY WINEHOUSE

carta certificada a
amy winehouse
desde lima ciudad



me cuentan mi querida amy que no puedes librarte de esos tus demonios (elogio excesivo?)
que cada mañana te despiertas y el minutero te pone frente a lo que no sabes: te encuentras en la clínica de rehabilitación?
>>rehab! rehab! rehab!<<
ó en tu casa?: en ese hogar que parece tan desconocido para ti: sin genio ni diablura para tus pasos –esos-que se pierden implacables
en la niebla de tu ciudad –esa- que debe ser tan apabullantemente triste como la mía
se pierden buscando –día que se clava-- como una bala perdida mal apuntada sin rumbo ni definición ese halo de fugaz felicidad que esperas se ponga alguna vez (finalmente) de pie
se pierden con la misma irresponsabilidad con que las letras de tus canciones se mezclan con mis nostalgias y prestigios
sí! se pierden
y entonces inevitable verte aspirando cocaína una vez más ó sumiéndote inentendible en los humos que aspiralados capturan tu inocencia perdida
-que se pierde como
caballo desbocado en la oscuridad-
en los vasos de alcohol eterno en las comisuras de las sonrisas ó de las iras irrefrenables ante los no sé cuántos encontronazos ante la misma puerta cerrada
frases comunes ideas recurrentes versos recitados en la madrugada retorcidos de
inanidad…
qué más sino eso me brindas mi acariñada amy cada día y cada tarde hasta que pueda encontrarme con tu presencia
sola
con esas tus manos que tiemblan en su indolente sevicia
con eso que ha perdido voces
pero no pasión
que ha ganado reflectores vanos
doloridos ojos—como subirse a un bus y ser apretado y vuelto sordo y escupido é insultado y decidir de pronto no querer pagar más (jamás!) un pasaje urbano.
porque eso es la ciudad y no la quiero en mí.
la ciudad de Suffolk te volverá –a ti- a resguardar y el pub monarch de London te ofrecerá nuevamente la oportunidad de volar inflexible -sin alas- hacia la nada
hacia el cielo que no tiene infiernos
ángeles caídos tambaleantes padecientes enfisemas pulmón que sobrevive cáncer brutal de mis ancestros
ángel caído
mi amy tambaleante
incidentes
estados puros
de embriaguez
mi amy
puro vino  y uva salada
mi amy.
ricardo quesada

*escrito  en lima siendo tarde esperando que la vida termine siendo agua que simplemente beber sin más ni más*



lunes, 18 de julio de 2011

Emilio Adolfo Westphalen: El hacedor de poesía

Emilio Adolfo Westphalen: Cien años de ser poesía

David Antonio Abanto Aragón

 

No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resisten a mi soplo


Emilio Adolfo Westphalen



Fotografía: Herman Schwarz




Entre el deleite y la desazón continuos


 En muchos escritores contemporáneos, el arte reemplaza a la religión; en Emilio Adolfo Westphalen, poeta esencial, es el territorio por excelencia a nuestro alcance a través del acto de creación. A cien años de su nacimiento recordemos su testimonio: “El objetivo de la experiencia poética es el poema, pero la construcción del poema, al mismo tiempo, es el medio por el cual el poeta se reconoce y se sitúa en la vida” (WESTPHALEN: 1997,143).
No obstante, creemos que frente a esta afirmación del poder del arte, también surge la conciencia de su ineficacia, aspecto que —aproximándolo al desencanto de un Arthur Rimbaud o de un José Gorostiza— lo tienta a optar por el silencio. Grandeza y miseria de la experiencia estética que encuentran una formulación sintética en el siguiente pasaje: “estimo la actividad poética al igual que toda otra actividad estética como una necesidad vital. No se obtendrá de ella naturalmente la “abolición de la muerte”, pero sí, quizás, hacer más llevadera la vida. Sería una expresión de la condición humana, del impulso a no admitir lo real como definitivo e incambiable, a querer superarlo. En la poesía, en la revolución y en el amor veo actuantes los mismos imperativos esenciales: la falta de resignación, la esperanza a pesar de toda previsión razonablemente contraria” (WESPHALEN: 1997, 145).
Observemos que la tríada surrealista (poesía-revolución-amor) es asumida de un modo peculiar por Westphalen con una moderación y una sensatez poco surrealistas. Lo cual nos confirma la impresión que produce su poesía como un fruto mesurado de raíces surrealistas heterodoxamente abonadas por diversas tendencias de la modernidad lírica (Romanticismo, Simbolismo, etc.) e inclusive por la poesía mística del Siglo de Oro español (GONZÁLEZ VIGIL: 1999, 408).


Falsos rituales, auténtica poesía


Procedamos a comentar su espléndida creación poética sintetizada con acierto por Iván Ruíz Ayala del siguiente modo: la extraordinaria producción juvenil (1930-1939), con dos poemarios que están entre los más hermosos y perdurables del vanguardismo peruano e hispanoamericano (Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte), el dilatado silencio poético (1940-1971) y el retorno espléndido a la creación poética (en marcha desde 1971, con mayor intensidad a partir de su retorno al Perú en 1984) (RUIZ AYALA: 1997).
El período más relevante de Westphalen, el de sus formidables poemarios vanguardistas, somete la lección surrealista a un registro heterodoxo, más arquitectónico, producto de una escritura vigilante y escrupulosa, diversa del automatismo psíquico de asociaciones libres y soterradas con una magistral reelaboración de la tradición de la poesía lírica (desde la poesía trovadoresca y petrarquista, así como la mística española de los siglos XVI y XVII; hasta el Romanticismo y sus herederos el Simbolismo y el Surrealismo) a través de una sapientísima “música callada” de muchos versos (apenas dieciocho poemas constituyen el total de su obra, en este período, nueve poemas en cada libro) que presagia el dilatado “silencio poético” de cuatro décadas en una especie de auto inmolación creadora.
No hay necesidad de acudir a los paradigmas consabidos de abstención —nada raros en la poesía contemporánea especialmente entre los protagonistas y herederos del romanticismo “interior” (en gran medida alemán), el Simbolismo y algunos movimientos de vanguardia como el Dadaísmo y el Surrealismo: el destierro de Rimbaud, la “página en blanco” de Stephane Mallarme, etc.— hasta pensar en el nutrido grupo de poetas peruanos que han “amordazado” o “clausurado” de algún modo su labor poética: Manuel González Prada, José María Eguren, Carlos Oquendo de Amat, Martín Adán, César Moro, Jorge Eduardo Eielson, por mencionar los nombres más ilustres y que mejor encarnan el estigma de la Modernidad como búsqueda infructuosa de la Palabra y de la Vida, marginalidad, ruptura, autonomía, etc.
En el ámbito hispanoamericano, no hay quizá silencio más elocuente que el del mexicano José Gorostiza (México 1901-1973) quien después de su obra maestra, el extenso poema Muerte sin fin (1939) guardó un silencio estricto y total hasta los años sesenta. Junto a un prodigioso virtuosismo formal —una cumbre de la poesía del siglo XX— Gorostiza alcanza como ha apuntado Octavio Paz, perito en trascendencias y vacuidades, la corrosiva visión del ser como perpetua destrucción y de la palabra poética como forma vacua, deleznable. Nada más consecuente que el silencio ante éxtasis al revés, ante esta iluminación disociadora (PAZ:1957,114).
Debemos advertir que en la obra de esta etapa espléndidamente vanguardista de Westphalen, hay una profunda unidad que nos presenta su poesía como un continuum sin bordes definidos, sometida a un riguroso control artístico ajeno a lo más espectacular de la aventura vanguardista.
Su obra posterior los poemas contenidos en Otra imagen deleznable (1980), Arriba bajo el cielo (1982), Máximas y mínimas de sapiencia pedestre escuchados al desgaire sin certificación de autenticidad por E.A.W. (1982), Belleza de una espada clavada en la lengua (1986), Ha vuelto la diosa ambarina (1988), Cuál es la risa (1989), Bajo zarpas de la quimera (1991) y Falsos rituales y otras patrañas (1992); no alcanza la excelencia lustral de los poemarios de los años treinta, pero posee una atmósfera y un tono diferentes, plasmadas con meritos poéticos dignos de encomio. Esta obra alejada del estallido vanguardista acentúa el legado simbolista (hasta retomar la “Diosa Ambarina” de su admirado José María Eguren) y una versión personalísima de la poesía contra la poesía, o desencantada de la magia poética que sucedió al trascendentalismo post vanguardista, dentro de lo que cabría clasificar de “antipoesía” sin ceñirse a la escritura del chileno Nicanor Parra ni de poeta alguno, sino como actitud disolvente y cuestionadora de la poesía. Si los movimientos vanguardistas confiaban en el poder de sus propuestas poéticas, Westphalen se suma al clima desmitificador en marcha desde los años cincuenta en Hispanoamérica, el que despliegan en el Perú poetas como Jorge Eduardo Eielson y Blanca Varela.
El enigma westphaleano no es el del poeta que opta por el silencio o el del que recupera la escritura perdida, sino el del creador que vive el deleite y la desazón continuas de la poesía, experimentándola como una tensión permanente, irresuelta entre el silencio y la palabra, la magia y el desencanto, el horizonte de la imaginación liberada (onírica y arquetípica) y el lastre inevitable de andar sobre la tierra a expensas del tiempo y de la muerte. Su propuesta nace de la frustración de quien se lanzó a la aventura de la Modernidad (a “abolir la muerte”, así como Charles Baudelaire partió en pos de lo ignoto o Arthur Rimbaud quiso instalar una “vida nueva”) y, al modo del Altazor del chileno Vicente Huidobro, terminó cayendo, “antipoeta y mago”, constatando que padecemos “tiempos de miseria” conforme a lo que enunció el alemán Friedrich Hölderin en forma de angustiada pregunta en uno de sus o poemas “para qué poetas en tiempo de miseria?” citada y comentada por Westphalen en una intervención memorable en el Encuentro con la Poesía Hispanoamericana el año 1994: “¿No habrá esperanza? Talvez la reacción más sana sea la actitud de las víctimas del Terror durante la Revolución Francesa. Mientras esperaban turno para ser conducidos a la guillotina – se despreocupaban de la amenaza como si no les atañera en lo absoluto. Hacían en lo posible una vida ordinaria –escribir cartas o versos- enamorarse u odiarse- no mirará ni atrás ni adelante- vivir día a día en la plenitud del presente. Puede que alguno de vosotros me ofrezcáis soluciones más esperanzadas y menos estoicas. Yo me atengo a la sabia propuesta de los organizadores de este Encuentro. Todavía existe la buena poesía –juntémonos a su alrededor y oigamos lo que nos dice. El volcán ruge —mientras ruja tenemos tiempo para la danza el canto la poesía— si viene la lava nos cogerá en nuestro mejor momento.” (WESTPHALEN:1994,1)
Por ello a diferencia del movimiento surrealista (asimilado por nuestro poeta, sobre todo entre 1935-1939 período al cual pertenecen unos textos calificables de surrealistas que fueron reunidos por André Coyné en la recopilación titulada Cuál es la risa), el cual esgrime a la Poesía como una magia incandescente, una fiesta perpetua, un salto a la revolución interminable, Westphalen se esmera, en esta etapa de retorno a la escritura poética, en subrayar su inutilidad, su trascendencia vacua, su fascinante condición de espuma (otra Venus que condensa a Eros y la Belleza) rápidamente absorbida por la arena y por el aire: reino de la Quimera y del deseo que nos atrapa en sus “falsos rituales”, incapaces de transfigurar la realidad (inicua, frustrante, intolerable) que nos circunda. Los versos de Westphalen ya no son las espirales envolventes de los poemarios vanguardistas, en sus poemarios posteriores nuestro gran poeta opta por una discusión concentrada, lacónica, elíptica, pautada por una puntuación expresiva que torna a su escritura una feliz conjunción de la fluidez de la prosa y del ritmo del versículo (empleamos este término por considerarlo más apropiado al carácter ritual de estos poemarios). Nada menos que otras patrañas a las que el poeta y el lector de poesía se entregan a pesar de todo o, mejor dicho, a pesar de nada, de esa nada que es la magia de la palabra imantada por la Poesía.


Arte y poesía


Otro campo en el que Emilio Adolfo Westphalen destacó es el de la dirección de revistas de primer orden que se cuentan entre las mejores del continente. En 1939, inmerso en un silencio poético” que lo mantuvo alejado de la creación literaria, fundó y dirigió el número único de la hoja de poesía y crítica con el título de El uso de la palabra que planeó conjuntamente con su gran compañero de ruta César Moro a quien nuestro autor secundó en algunas empresas febriles más, por ejemplo la publicación de un panfleto contra el poeta ultraísta Vicente Huidobro. Luego fundaría y dirigiría entre 1947-1948 una revista abierta a muchos horizontes Las Moradas que con sus ocho números cumplió un papel de importancia mayor en la consolidación de la modernización de la cultura literaria y artística del medio peruano siendo considerada con justicia como una de las publicaciones mejor logradas de Hispanoamérica. Colaboraron en ella muchos poetas españoles en exilio como Jorge Guillén, Pedro Salinas, Emilio Prados, también dio cabida amplia a las nuevas generaciones: aparecieron los primeros textos en Lima de André Coyné, Javier Sologuren, Blanca Varela, Francisco Bendezú, además de algunos dibujos de Fernando de Szyszlo, inclusive el creador inglés Tomas Stearn Eliot autorizó la publicación en la revista de uno de sus ensayos traducido al español. Luego de una prolongada ausencia del Perú (New York, 1949-56; Roma, 1956-63) en el ejercicio de su función de intérprete de la Organización de la Naciones Unidas que favoreció el incremento de su incontenible voluptuosidad lingüística, ya sabiamente sometida un control artístico ajeno a lo más espectacular de su aventura poética de los años treinta abierta a diversas lecciones, y asimismo auspició su acercamiento a las fuentes mismas del arte contemporáneo y del clásico que serán asimiladas en forma mesurada y honda —considérese que en el plano vital Westphalen opta siempre por una insularidad y discreción poco compaginables con “la vida escandalosa” de los surrealistas cabales— ubicándose en su creación artística, en una línea intermedia entre la ruptura vanguardista (encarnada en la figura surrealista plena de gran repercusión difusora fuera del Perú de César Moro) y la llamada “vuelta al orden” (ejemplificada por otro cómplice suyo: Martín Adán quien luego de su precoz vanguardismo de La casa de cartón, se lanzó a la búsqueda del absoluto con virtuosismo cultista y perfección formal en La rosa de la espinela, 1939, y Travesía de extramares, 1950, y con turbulencia agónica y abisal en Escrito a ciegas, 1961; La mano desasida, 1964; La piedra absoluta, 1966; y Diario de poeta, 1975) capaz de entusiasmarse con la obra y la vida de José María Arguedas y de enarbolar como paradigma creador al poeta José María Eguren. A su retorno en 1963 por pedido de José María Arguedas, a la sazón Director del Instituto Nacional de Cultura, se encargará de la dirección de la Revista Peruana de Cultura en 1964 hasta 1966. Paralelamente Westphalen se incorporó como catedrático a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en 1967 realizó labor de extensión universitaria a través de una gran revista de artes y ciencias auspiciada por la Universidad Nacional de Ingeniería: Amaru. Esta revista que editó y dirigió entre 1967 y 1971 adquirió mucha más importancia de la que tuvo Las Moradas, contó con excelentes colaboradores entre quienes destaca Mario Vargas Llosa. Luis Alberto Sánchez llamó la atención con el parecido nominal de la revista Amaru con la revista Amauta (SÁNCHEZ: 1981,1523) la de mayor trascendencia y trayectoria en el siglo XX que bajo la dirección de José Carlos Mariátegui, entre 1926 y 1930 supo dar cabida a las más diversas manifestaciones artísticas sin someterlas a premisas ideológicas. Los catorce números aparecidos de Amaru la convierten en la mejor revista cultural que ha tenido nuestro país luego de Amauta. En 1971 Westphalen volvió a ausentarse del país para iniciar una larga vida diplomática como agregado cultural en lugares como Roma, México y Lisboa hasta 1980. Desde ese entonces residió en Lima hasta el 17 de agosto del 2001.
A este aspecto como editor y promotor cultural debe añadirse su sutileza crítica y es que los poetas cabales como Westphalen suelen ser formidables degustadores de la Poesía y el Arte, con criterio y gusto seguro. Es decir, críticos en potencia. Y críticos de enorme potencia esclarecedora. Más bien, con frecuencia los críticos que carecen de la energía poética que deberían alumbrar las lecturas y las reflexiones, se quedan en datos anecdóticos o eruditos, interpretaciones superficiales y valoraciones descaminadas. Estaremos de acuerdo, entonces, con las sustanciosas palabras de Luis Jaime Cisneros cuando señalan que “Westphalen no juzga a las personas ni encara los hechos y las obras como crítico sino como artista, como hombre hecho de sensibilidad y dominado por una profunda preocupación estética. Los críticos —lo dice él mismo— buscan “conseguir una explicación coherente”, en tanto que a él le importa que los textos, las cosas y los hombres, tengan vida auténtica y puedan mostrar “toda la plétora de representaciones, muy concretas y sensibles, la marejada contradictoria de las pasiones, las corrientes vagabundas de los instintos”. (...)No vemos en sus ensayos por eso al crítico sino al lector dispuesto a dejarse sorprender por todo cuanto pueda parecer digno de perplejidad o de una inocente mirada.” (CISNEROS: 1997, pp.8-9). Constátese ello en las compilaciones de sus escritos publicados bajo el título de La Poesía, los poemas, los poetas (1995) y Escritos varios sobre arte y poesía. Sus textos pueden ser calificados como “varios” no sólo por la diversidad de temas y autores que abordan, sino también por su factura heterogénea: discursos, ponencias, artículos de gran organicidad crítica, notas, lances en polémicas virulentas; ensayos sobre cuestiones centrales de la Poesía y el Arte, etc. La segunda compilación nos presenta numerosas piezas sobresalientes como las dedicadas a César Moro y José María Arguedas; a sus consideraciones sobre la importancia de José María Eguren; sus puntualizaciones sobre lo que constituye el Dadaísmo y el Surrealismo; sus recuerdos y meditaciones sobre nuestra realidad histórico-cultural. Podríamos espigar, por ejemplo, la perspicacia de “Quien habla de quemar a Kafka” a la solvencia con que formula reparos y reservas frente al libro de uno de sus grandes compañeros (cuya creación poética admiraba sin ambages) en “De lo barroco en el Perú; una opinión adversa a la tesis de Martín Adán”.


Envío


Hoy que celebramos los cien años del nacimiento de Emilio Adolfo Wetsphalen, valoremos en su condición de lector superlativo, sabio y entrañable, exigente y con el corazón a flor de piel, además de poeta, traductor, director de revistas de primerísimo orden, un crítico digno de tal nombre. Por algo, nuestro genial escritor, gran compañero de ruta y mejor cómplice de Westphalen, José María Arguedas (hasta hermanado está por el centenario de su nacimiento), reacio como era a los críticos literarios y a los escritores profesionales, confiaba plenamente en el criterio de nuestro gran creador, recordemos que fue el primero en captar la calidad excepcional del libro póstumo de Arguedas El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971) tomando distancia de quienes hablaban, en mayor o menor medida, de un fracaso literario. Vale.
Finalizamos nuestro modesto homenaje al legado westphaleano invitando a los lectores a ese festín múltiple de la inteligencia sensible o la sensibilidad inteligente que le aguarda en los escritos del inmenso Emilio Adolfo Westphalen.






Independencia, viernes 15 de julio del 2011


viernes, 22 de abril de 2011

DEJA VÙ

Deja Vù I


Foto intervenida por David Cota


No me gusta escribirte en Internet.
Cuando te escribo todos mis sentidos participan del rito:
mis manos sujetan el bolígrafo sobre la blancura del papel. El olfato huele la tinta que combina a perfección con el aroma de un bond alisado.
Voy urdiendo las palabras a la vez que, sin querer, oigo los crujidos de la hoja y el golpeteo incesante de mi caligrafía.
Entonces, lo que estaba vacío se convierte en algo propio.
En una prolongación de lo que soy y paralelamente en un eslabón, en una alianza contigo.
Quizá por eso no me gusta escribirte en Internet.
Prefiero ser un arcano escriba o un copista medieval y dar riendas sueltas al trazo imperfecto, sin sistemas
porque somos imperfectos
y curiosamente cobardes al no poder dar riendas sueltas a lo que sentimos.
Vamos llenándonos  de que haceres y deberes
de reuniones y programas, de pedagogas y poetas y nuestros sentires terminan confinados a unos minutos, a unas horas
o a las visitas de ocasión.
Pero es que me resulta agradable la idea de visitarte, de verte, de engreírte
de corroborar que esa primera mirada posee la sabiduría que le es ajena en la raíz a los mecanismos de la razón.
Oh sí me fascina este juego de espejos que acontece al mirarnos.
Son tan pequeños para el ser los instantes para el libre albedrío, ejercitar el decir sin ambages  y sin pensar o saber.

Los ritos son necesarios cuando se ama.
Y cuando por fin estamos juntos el ritual se convierte en una eucaristía donde todo es unión.
Comunión y fiesta.
Es así que vamos fortaleciendo nuestros lazos.







Deja Vù II
Para mi Analy


Nunca entenderé el misterio que nos hizo coincidir en la misma ciudad, en la misma calle, en el mismo solar y bajo el mismo lente.
Entonces recordé al viejo capa gris: “los magos nunca llegan temprano ni tarde, sino cuando deben llegar”
Quizás el amor sea como los magos y nosotros aún somos incapaces de discernir el por qué, cuándo y cómo de nuestras apariciones.
No se necesita ser adivinos o alquimistas para comprender el principio de las cosas.
Indudablemente de esta manera singular e inequívoca vamos urdiendo un mundo propio y nuestro.
Adivino quien esta a mí lado así como tú intuyes quien soy.
Los dolores y las ilusiones que escondo detrás de cada poema no es vanagloria ni propia ni tuya.
Es la sabiduría primordial de aquello que sentimos o creemos sentir pero que en realidad nos re-inventa, nos re-crea, nos re-produce o tal vez nos hace únicos e imprescindibles...



 Poema: Vedrino Lozano Achuy.

miércoles, 13 de abril de 2011

Ricardo Quezada. Un poeta de los extramuros




SURI MANTA

Porque los vientos
Serán siempre dioses


Suri Manta hace fuego de los vientos
Y los corazones cantan
Cañas y carrizos conforman esta realidad
De plumas y tocados
De cintas multicolores
De Wifalas inevitables
Suri Manta toca
Y las Huacas abren sus espacios
De sabiduría a los hombres humanos ya

Suri Manta y su música
Es lo único que me puede pasar hoy
Lo único que rozará las líneas mágicas
Que nos unen a los santos espíritus de nuestros ancestros
Oh! Pachakámac
Dios dador de oráculos
Generador
De espacios humanos
De ofrendas
Primer paso
Hacia los Dioses de Huarochirí
Hacia el Pariakaka
Hacia el inmenso Huaytapallana
Y los Apus esos que nos alojarán
En sus vientres
Lozanos
Puros

 Suri Manta
Y tus plumas solitarias
Y tus manos constructoras
Y tus labios deshechos en la inmensidad
De lo eterno
Música
Sonidos
Ruidos
Pasos
Huellas invisibles en las manos
Creencias buenas
Creer
Creer
Si! Creer
Ustedes lo hacen
Y entonces nos salvan a los poetas
A los hombres de azul
Azul de tristessa
De lamento
De realidad
Penuria de lo real
Ustedes nos salvan
Hombres constructores

Y fue así en el vientre eterno de El Averno
Que nos conocimos
Demonios
Diablos
Ángeles
Y arcángeles
Todos juntos
Y nuestros ancestros
Momias sagradas en procesión
Y las cintas multicolores
Como lluvia por doquier
Bañándolo todo
El Averno como Uchu Pacha
Como realidad paralela
Como lago eterno
Como Amantani y sus estrellas
Lujo de la noche
Oh! Isla circular
Y tú Titikaka
Lago agua peces orillas juncos vajilla
Ofrenda del alimento
De las hojitas de coca al amanecer
Al anochecer
Frutos que tenemos
Almas que tenemos
Pieles que tenemos y compartimos
Suri Manta
Suri Manta
Hoy que estás en mí
Creo en ti

domingo, 3 de abril de 2011

Poema: Recorrer una rayuela

foto: vedrino lozano achuy
Recorrer una rayuela implica memorizar mil veces la entrada
así sublimamos el verbo morir.
Il faut oublier
tout peut s’oublier.
Hay que olvidar
todo se puede olvidar.
Te sumerjo en un vaso de aguas termales.
Tus cabellos brotan como orquideas y madreselvas.
El arcoiris de mi infancia lluviosa había marcado tu rostro
e iluminaba los pétalos ajados del arroz.

He dejado mi corazón sobre el tragaluz
para intentar la purificación.
Purificándome.
Disecándome
poema: vedrino lozano achuy

martes, 22 de marzo de 2011


"Creo que de alguna manera todos los que nos dedicamos al arte en general, lo hacemos sobre la base de ciertas pulsiones, obsesiones, tal vez deseos oscuros, de alguna manera nos mueven a plasmarlos en nuestra obra artística. En mi caso, en cuentos. Borges decía que toda persona que muestra cierto grado de sensibilidad tiene que necesariamente sentirse tocado por el tema de la muerte." F.C.N





FERNANDO CARRASCO NÚÑEZ

LA PUÑALADA

     Usted debe estar pensando, como muchos, que yo estoy muy feliz de tener a Malena como enamorada, pero déjeme decirle, profesor, que estas últimas semanas, en la Universidad y en mi casa, han sido para mí un verdadero infierno. Me siento terriblemente mal. Siento algo así como si me hubieran clavado una puñalada en el corazón. No, en serio, profesor, no le miento ni exagero nada, en verdad la estoy pasando muy mal, tanto es así que le confieso que estoy a punto tal vez de cometer una terrible locura. Por eso he querido conversar con usted para contarle las cosas que me están sucediendo. Espero no le incomode que me haya acercado así de sorpresa a su oficina y le haya pedido que por favor me escuche unos minutos y me dé sus consejos. Gracias, profe. Yo sabía que usted iba a saber escucharme y comprenderme porque es bastante joven y además inspira mucha confianza, por eso en el salón la gente lo admira y lo estima mucho, yo en especial.
 
 Sí pues, profesor, como le comentaba, la estoy pasando muy mal estos días debido a mi relación con Malena. Ah, pero no le voy a negar que las primeras semanas que pasé con ella fueron quizás las más felices de mi vida. Todo fue maravilloso. Le cuento que cuando nos conocimos a inicios del primer ciclo, yo no hacía más que mirarla y mirarla durante y fuera de las clases. Es que desde el comienzo quedé embobado por ella. Ni se imagina, profe. Me encantó su manera tan desenvuelta de comportarse. Sus aires de diva por sentirse una de las chicas más admiradas de la facultad. Su manera tan provocadora de caminar. Sus gustos tan particulares. Además de su carita y su lindo cuerpo, claro. Siempre tomaba la iniciativa en todo.
Si hasta fue ella quien hizo que nuestra relación comenzara. Es que yo me moría por Malena, pero no sabía cómo decírselo. Antes yo nunca me había declarado a ninguna chica, profe. Siempre se me han acercado las muchachas bonitas, no me puedo quejar, pero toda la vida yo he sido bastante cobarde, desde los tiempos del colegio. Ah, y no solo en cuestión de amores, sino también pues para las discusiones y las broncas con los palomillas del barrio, y recordar todo eso ahora me llena de rabia porque yo siento que he cambiado mucho y estoy convencido también de que las cosas no siempre tienen que permanecer igual, uno tiene que aprender a quemar etapas para iniciar cosas nuevas en la vida, ¿no cree, usted, profe? Ya ve, entonces tengo mucha razón. Por eso le digo que ahora que han pasado los años, así como yo, muchas cosas tienen que cambiar, porque el gran cobarde que fui ya se murió. Sí, profe, antes era un verdadero cobarde para todo. En verdad, se lo juro, cómo le voy a mentir a usted, pues. Pero el tiempo pasa y todos cambiamos. Sí, profe, acertó, hace unos meses ya cumplí los dieciocho años, ya soy ciudadano, ya no estoy para niñerías, ¿no cree, usted? Pero como le digo, antes siempre fui muy chupado en cuestión de muchachas y otras cosas más que ahora no vienen al caso, creo. Claro, anteriormente, después de grandes esfuerzos, había salido al cine con algunas chicas de mi barrio, pero todo así en plan de amigos nomás. Por eso cada vez que con Malena nos íbamos en el ómnibus yo quería decirle lo que sentía por ella, pero las palabras no me salían para nada, todo se me trababa, lo máximo que había avanzado fue acariciarle las manos algunas veces hasta que un día que viajábamos en el ómnibus al ritmo de Soda Stereo ella se me acercó y me dio un terrible beso que nunca voy a olvidar, profe. Sí, buenazo el primer beso de Malena en el ómnibus. Claro, después de ese beso declararle mi amor ya fue algo más fácil. De allí todo fue bacán, profesor. Durante el segundo ciclo siempre nos íbamos juntos al salir de la Universidad. Parábamos de arriba para abajo todo el tiempo. Los amigos decían que hacíamos una bonita pareja, aunque ella me lleva un par de años, como usted debe saber. Pero lo más bacán de esas semanas del segundo ciclo fueron nuestros paseos por el Parque de la Reserva y el Campo de Marte. También gracias a ella fue que conocí más sobre el rock clásico porque fuimos a algunos conciertos que organizaban sus antiguos amigos del colegio. Ah, y algo mejor fue que Malena me hizo conocer las películas de Kurosawa y Godard porque en varias ocasiones fuimos a la Filmoteca para ver el ciclo completo de esos maestros del cine. Pero recuerdo como algo especial la tarde que, mientras vagábamos por las calles de la ciudad, a ella se le ocurrió de un momento a otro que ingresáramos a un viejo cine para ver una película de estreno. Lo recuerdo como algo especial, no por la película en realidad, creo que fue una peli de terror, de las que a ella también le gusta ver, sino porque esa tarde dentro del cine ella no se mostró interesada en la película y eso me gustó muchísimo. Le cuento que casi toda la función nos la pasamos besándonos como locos en un rincón, amparados por la oscuridad. Yo terminé con los labios hinchados de tantos besos esa tarde. Me acuerdo muy bien de ese día, profe, porque además de los besos apasionados que nos dimos, ella permitió por primera vez que le acariciara los senos, incluso recuerdo que fue ella quien llevó mis manos hacia sus pechos. Está bien, profesor, no seré muy detallista al respecto, pero es que recuerdo todo y me emociono y me gana la lengua, pues. Desde ese día ya agarramos más confianza. Nos veíamos en la Universidad y salíamos todos los fines de semana. En mi casa, mis padres comenzaron a sospechar porque empecé a salir muy seguido y porque ya no me veían tan apegado a los libros que antes tanto me gustaba leer. A mí me hubiera gustado contarle a mi padre todas estas cosas, pero él solo vive para sus amigos y las fiestas, además estoy seguro de que lo hubiera tomado todo a la broma y se la hubiera pasado fregando a cada momento. Y mi madre, ni hablar, ella habría pegado el grito en el cielo y más si se hubiera enterado de que Malena me lleva dos años. Será tal vez por eso que he querido contarle todo esto a usted que es un profesor muy correcto, buena gente y que se lleva chévere con todos sus alumnos. No me lo agradezca, profe, es la purita verdad, nada más. Y le cuento, pues, que las cosas llegaron a su punto más alto cuando, a fines de ese segundo ciclo, una tarde Malena me invitó a su casa para presentarme a sus padres. Yo fui muy bien vestido para impresionar, recuerdo que durante todo el trayecto a su casa trataba de encontrar una cara que me hiciese parecer un poco mayor, y así disimular mis dieciocho años. Pero cuando llegamos a su casa nos dimos con la sorpresa de que sus padres no se encontraban. La casa estaba vacía, profe. Toda la casa estaba vacía para Malena y yo. Entonces ella preparó unos refrescos en la cocina y me dijo que pasáramos a su habitación para ver unos videos de conciertos de David Bowei y Jim Morrison hasta que volvieran sus padres. Pero pasaba el tiempo y sus padres no regresaban. Poco después, Malena me confesó al fin que sus padres no volverían hasta muy de noche porque ahora recordaba que habían ido a visitar a un pariente que esa tarde estaba de cumpleaños en un distrito lejano. Entonces fue que se me abalanzó como una verdadera gata en celo y me llenó de besos y caricias por todo el rostro y el cuello hasta que comenzó a desvestirme y… está bien, está bien, profe, solo le diré entonces que esa tarde pasó pues. Fue mi primera vez y la pasé de lo mejor. Ni se imagina las cosas maravillosas que Malena me hizo en esos momentos. Fue un día que jamás podré sacar de mi cabeza, pase lo que pase. Bueno, pues, así de lo mejor continuamos los primeros meses de este tercer ciclo, todo se convirtió en un verdadero vicio para nosotros; sin embargo, en estas últimas tres semanas, de un momento a otro, las cosas han cambiado muchísimo, profe. Es por eso que le digo que la estoy pasando muy mal últimamente, me siento espantosamente mal, como si hubiera recibido una horrenda puñalada en pleno corazón y siento por eso que estoy al borde de cometer una verdadera locura. Además, como resultado de todo esto, no he cumplido con algunos trabajos de la Universidad y estoy saliendo muy mal en los exámenes, pues no logro concentrarme en los estudios un solo instante, hasta pesadillas he tenido las últimas semanas. No sé qué puedo hacer, por eso he venido hacia usted para que me pueda ayudar con sus palabras, profe. Bueno, le cuento, pues. Hace tres semanas, Malena cambió rotundamente, ha sido como si de pronto se hubiera transformado en otra persona muy distinta a la Malena que yo he comenzado a amar intensamente, y eso es muy doloroso. No sabe cuánto me afecta ahora su frialdad, su lejanía. Está bien, profe, no se preocupe, no voy a llorar, pero es que todo esto me resulta tan difícil de comprender. Y además esta situación me hace sentir dispuesto a todo por ella porque, como le dije, uno no siempre tiene que ser un verdadero cobarde, pues, eso estuvo bien para los tiempos del colegio, las cosas no siempre tienen que permanecer igual, ¿no cree usted? Le cuento que desde hace tres semanas ella está buscando siempre cualquier pretexto para irse sola después de clases. La primera vez me dijo que tenía que encontrarse con una prima para ir de compras y yo le creí, pero ahora me sale con cada cuento que yo no creo, por supuesto. Inclusive ahora que la llamo los fines de semana para ir a la Filmoteca, como lo hacíamos siempre, me dice que está muy ocupada con las tareas de la Universidad o que sus padres la van a llevar hacia alguna reunión de familia y así solo podemos vernos de cuando en cuando, y a mí eso me atormenta porque yo siento que la necesito más que nunca, profe. Siento que necesito de su presencia, de su voz, de su cuerpo. Es una vaina esto de estar terriblemente templado. Sí, profesor, yo comprendo que ella también seguro necesita su espacio, que no siempre va a estar dependiendo de mis deseos de verla, pero este cambio abrupto también me llena de muchas dudas, pues. Claro que yo he conversado con ella al respecto, profe, pero Malena me dice que nada ha cambiado, y eso no es verdad porque yo siento que muchas cosas han cambiado, profe. Pero ella insiste con lo mismo y me dice, de nuevo, que todo sigue igual en su corazón, que lo único que sucede es que ahora anda más ocupada con sus quehaceres familiares y que quiere tener más tiempo sola para pensar también en sus cosas. Yo sé que todo eso es mentira. Sé que me engaña desvergonzadamente. Ella dice que me sigue queriendo como siempre y me pide que la comprenda, pero la verdad, profe, es que no le creo absolutamente nada de lo que me dice; es más, en estos días he comenzado a sospechar ciertas cosas que han despertado en mí unos celos espantosos que me torturan terriblemente como una puñalada clavada en el pecho. ¿Usted ha sentido celos alguna vez? Entonces debe saber muy bien que esto es lo más jodido que le puede pasar a un hombre que ama intensamente a una mujer, perdóneme la palabrita esa, profe, pero es que es la purita verdad pues, los celos son un sentimiento tan fregado que te quema el pecho y la cabeza, y te llena el cuerpo de una sensación horrenda que te impulsa a cometer cualquier locura. Mire, profesor, le voy a contar que últimamente, cuando estamos conversando con los amigos en el parque de la Universidad o en el comedor o en cualquier parte, ella recibe algunas llamadas a su celular y rápidamente se aleja de nuestro lado para no ser oída; yo me siento terrible en esos instantes no solo por los celos que me invaden, sino también porque los amigos comienzan a mirarme como diciendo qué estúpido eres, acaso no terminas de darte cuenta de nada, cornudo. Yo le he comentado todo esto a ella y Malena me dice que es su madre quien la llama y que no quiere que nadie escuche las discusiones que a veces tiene con ella por teléfono, que eso es todo. Y últimamente cuando le reclamo sobre algunos de estos asuntos que encienden mis celos, ella se enoja y me dice que yo soy enfermizamente celoso y que con seguridad será eso el único motivo por el que al final terminemos separándonos. Yo, por temor a perderla, tengo que permanecer callado cuando se producen esas malditas llamadas o cuando coquetea con algunos muchachos de otras facultades. No sabe lo que me cuesta disimular los celos y la furia que me atormentan en esos instantes. Y es que ella es tan hermosa y al mismo tiempo tan coqueta que hace que todo el mundo quiera arrancarla de mi lado. Pero le aseguro, profe, que no voy a perderla. Yo estoy dispuesto a todo por ella. Yo la amo y no la quiero perder por nada del mundo, por más que estos celos no me dejen en paz y me estén matando cada día. Porque, déjeme decirle, profesor, que todo esto no termina aquí, sino que hay un motivo principal que causa mi desesperación. Hace un par de días sucedió algo inesperado y este es el hecho que en realidad me hace exclamar que siento un mortífero puñal clavado en el pecho y que estoy a punto de cometer una terrible locura. Esta bien, profe, trataré de calmarme para seguir conversando. Hace dos días fue el cumpleaños de una compañera del salón y los muchachos decidieron celebrar su cumple en una de esas discotecas que están cerca a la Universidad. Sucedió que todos pedimos algunos tragos y comenzamos a bailar hasta que horas después la gente comenzó a embriagarse. Ya algo mareada Malena me pidió que la llevara a su casa, y durante el trayecto en el ómnibus de pronto comenzó a hablarme y sus palabras agudizaron mi tragedia, primero me besó y me dijo que yo le gustaba mucho, pero que, en realidad, yo aún era muy niño para ella; que a ella, por lo contrario, siempre le han atraído más los hombres algo mayores y que lo mejor era que nuestra relación ya no continuase más, pues no quería lastimarme. Cada una de esas palabras fueron golpes fulminantes para mí que me dejaron sin poder responder nada, ella tampoco dijo más en ese instante, pues se apoyó en mi pecho y cerró los ojos para poder dormir un poco, ya que al parecer el viento había incrementado su embriaguez por eso no pudo ver las lágrimas que habían comenzado a rodar por mis mejillas. Entonces, antes de que se quedase dormida del todo yo le hice algunas preguntas que ella respondió entre sueños. Minutos después, tuve que zarandearla para que bajara muy cerca de su casa. Sabe, profe, ayer y hoy la he vuelto a ver en el salón y me ha saludado con un beso en los labios como si esa noche no me hubiese dicho absolutamente nada. Me parece que en realidad no recuerda las cosas que me dijo, porque esa noche, antes de quedar completamente dormida en el ómnibus, me confesó algunas cosas que yo me moría por saber; ahora no las recuerda y seguro desea continuar con su jueguito, desea seguir burlándose de mí, precisamente de mí que la amo tanto, caracho, eso me enardece muchísimo, usted no sabe cuánto. No, profesor, yo no hablo sin estar seguro de nada, ahora sí ya tengo la certeza de que ella desea seguir burlándose de mí de manera descarada. Y sabe, profesor, por qué le digo todo esto. Bueno, pues, porque esa noche, en el ómnibus, ella misma me confirmó, entre sueños, lo que unas amigas que alquilan una habitación cerca de la Universidad me habían contado días antes. Estas chicas me comentaron que la semana anterior habían visto a Malena saliendo muy de noche de un hostal cercano a la Universidad, acompañada de un hombre. Yo no les creí absolutamente nada y las mandé a rodar, por supuesto, pero la duda ya estaba clavada como un puñal candente en mi corazón. Y fue por eso que esa noche, mientras íbamos en el ómnibus, le hice la bendita pregunta y ella me confesó, entre sueños, que ese hombre mayor que la había convertido en su amante era uno de nuestros profesores de la Universidad, y luego añadió que ese profesor no era otro sino usted, nuestro tan admirado profesor de Literatura. Le confieso que se me ha hecho muy difícil creer todo esto. Por eso, después de darle muchas vueltas a este asunto, he venido a buscarlo a su oficina para contarle esta historia y así de paso poder indagar más al respecto y estar completamente seguro de todo. Ahora, déjeme decirle, profesor, que usted con sus últimos gestos de animal acorralado y esa risita forzada que delata aún más su nerviosismo y esa gota de sudor que lentamente comienza a resbalar por su frente han despejado todas mis dudas, es por eso que en estos instantes en que usted torpemente se pone de pie para salir huyendo como un cobarde yo me adelanto a su huida, le cierro el paso y le devuelvo, de sorpresa y con toda mi rabia acumulada, este puñal ardiente que Malena y usted me clavaron por la espalda. Y sabe principalmente por qué lo hago, porque no está bien, pues, que uno siga siendo un verdadero cobarde toda la vida. ¿No cree usted, profesor?
                                                                    Del libro: La muerte y otras traiciones
Fernando Carrasco nació en Lima, en 1976. Estudió Educación en la Universidad Enrique Guzmán y Valle, e hizo una maestría en Literatura Peruana en la Universidad Mayor de San Marcos. Ha publicado Cantar de Helena y otras muertes.










domingo, 13 de marzo de 2011

El cazador de dinosaurios

Tras las huellas del cazador


Cuando Gabriel Rimachi Sialer me obsequió su libro El cazador de dinosaurios[1], lo primero que llamó mi atención fue el cuidado de la edición. Elegante por donde se lo mire. Al llegar a mi casa lo acomodé junto a los otros libros que esa noche generosamente me habían obsequiado. Paso el tiempo y el libro sequía en los anaqueles de mi biblioteca hasta que una tarde antes de salir al trabajo busqué algo para ir leyendo durante el trayecto de mi hogar a mi centro de labores. Así que escogí el libro de Gabriel. Muy buena elección. Lo disfruté al máximo. Pero sin darme cuenta había abierto una brecha que debía separarnos: la lectura

 La lectura es peregrinación nos dice Octavio Paz[2], pero también es libertad. Libertad, que según el poeta mexicano, le permite al lector no solamente descifrar la obra sino caminar por “los senderos que traza la escritura”, y ahí precisamente encontramos la validez del Cazador: la capacidad de leer sus historias de distintas maneras y sobretodo porque nos vemos retratados de alguna forma en ellos. Este proceso indudablemente nos llevará a tener en cuenta, no solamente al escritor, que por definición se expresa en sus libros, sino también al individuo, siempre difuso, contradictorio y cambiante, oculto aquí y visible allá. Pero no debemos olvidar que la realidad central hay que buscarla en la obra, que es al fin y al cabo la que importa.

Gabriel Rimachi Sialer es uno de eso pocos escritores que no puede renegar de una tradición sea esta propia o ajena. Es un narrador con mucha técnica (claramente se distancia de sus coetáneos[3] de finales de los años 90) desarrolla un trabajo genuino donde el principal protagonista es el lenguaje. Un lenguaje bien trabajado y tratado, donde incluso se percibe ciertos halos poéticos en atmósferas, que como buen camaleón, cambian de color: oscuras, grises, tristes, hilarantes y surrealistas. Sus historias cumple el requisito de todo buen cuento: buen inicio, tramas cautivantes y expectantes y finales redondos e inesperados.

Invito al curioso lector a leer cuentos como “Técnica mixta”. La historia es contada por un narrador testigo, sus ojos no se desprenden en ningún momento del personaje central, lo acompaña, lo compadece, nos trasmite su desesperación, su locura y su triunfo final. En ese ambiente surrealista vemos aparecer personajes célebres del arte sacados de su habitad natural y solo al final el narrador se revela: un perro. Sin duda un cuento bien logrado a nivel del manejo de las técnicas narrativas.

Otro cuento que merece una atenta lectura es “La noche del campeón” donde el autor se sirve de un mito urbano para mostrarnos la verdadera naturaleza del ser humano, aquella que obedece a los instintos sin medir las consecuencias de sus actos.

 Por su puesto no podía quedar fuera el relato que le da nombre a esta antología personal. Aquí Rimachi Sialer hace gala de un humor fino y un sarcasmo a pedir de boca. El protagonista de este cuento se metamorfosea de tal manera que podemos establecer inevitablemente un paralelo entre narrador y autor. Podríamos decir que el personaje de Rimatti es una re-creación de él mismo. Se burla finamente del oficio de escritor y donde además confiesa una admiración parricida por el nobel Vargas Llosa. Hilarante historia que atrapa el lector de principio a fin y que nos roba no solo una si no múltiples carcajadas.  
Gabriel Rimachi Sialer en su oficina de su casa en Magdalena

Sin temor a equivocarme creo que Gabriel Rimachi Sialer es, sino el mejor narrador de los últimos años de la narrativa peruana, está entre los mejores. Larga vida al cazador.                                                                                                                                                             


Vedrino Lozano Achuy



[1] Rimachi Sialer, Gabriel. El cazador de dinosaurios. Ediciones Altazor. Lima 2009
[2] Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe. Alianza Editorial 1997
[3] No empleamos el término manido de generación  porque consideramos que es un narrador insular además que este método compartiendo la idea de Fernando Carrasco conlleva a formar lecturas reducidas y parcializadas. No es nuestra intención hacer eso.